CAPÍTULO 1
Sentí miedo al oír de la boca del medico eso que tanto temía. Esa enfermedad no tenia cura solo la espera de un sueño intenso, es decir, la muerte. Sentí miedo al creer que no les vería más. El medico daba los detalles. Yo lo miraba a él y veía como corrían sus lágrimas por las mejillas. También sentí miedo al saber que a él le tocaba estar conmigo y mi enfermedad, no quería. Quería morirme. Cuando volvimos a casa yo solo le reclamaba la respuesta de una pregunta que constantemente le recordaba: “ No me dejaras sola, ¿verdad?
Yo solo quería que afrontara esa enfermedad conmigo pero a él le daba miedo desde el primer momento. Miedo a perderme, miedo a no poder hacer su vida con 22 años por estar conmigo. El me respondía que si pero no me convencía.
El diario colombiano El Tiempo, el más influyente y de mayor tirada del país, en su edición del 11 de abril, publica esta noticia procedente de su corresponsal en Washington: “En Estados Unidos la felicidad cuesta 100.000 dólares a quienes no tienen una buena rutina sexual”.
Si el título no era suficientemente absurdo, el contenido lo superó. Se trata de que una “investigación científica en Estados Unidos” de un centro de estudios de economía “concluyó que los solteros estadounidenses, de ambos sexos, al igual que los casados que tienen baja frecuencia de actos sexuales, necesitan ganar 100.000 dólares adicionales al año para sentirse tan felices como un cónyuge felizmente casado y con buena rutina sexual”.
Y como toda estupidez es superable, ahora los abogados analizan allí si se puede cuantificar en una cantidad similar la “pérdida en la felicidad” de sus clientes al plantear una demanda de divorcio, según expuso The Wall Street Journal en un artículo reciente.
Estoy pensando que quizás en Estados Unidos vuelven a incorporar al código penal, ese delito existente en la legislación franquista de “abandono de familia”, pero además ahora con indemnización de cien mil dólares anuales.
